La tradición medieval ve el pelícano como figura de Cristo: el modo como abre la bolsa para dar alimento a sus polluelos ha sugerido que se abría el pecho con el pico para alimentarlos con su sangre. Un bestiario de esa época, el de Aberdeen, al presentar el pelícano -tras citar el Salmo (102, 6): "Yo soy como el pelícano del yermo"-, dice que esa ave es muy dedicada a sus hijos y los resucita rompiendo su pecho para vivificarlos con su sangre.
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